Hay fechas que marcan una era. Para Honda, el 12 de marzo de 2026 es una de ellas.
Ese día, Honda Motor Company hizo algo que sus accionistas no habían visto desde que la compañía cotizó en la Bolsa de Tokio en 1957: anunció la probabilidad de una pérdida anual. No fue el producto de una sola catástrofe, sino de una apuesta estratégica que se desmoronó en varias direcciones al mismo tiempo.
La apuesta que salió mal
En un escueto comunicado corporativo, Honda canceló tres vehículos eléctricos diseñados para llevar a la marca hacia un futuro de vehículos definidos por software: el Honda 0 SUV, el Honda 0 Saloon y el Acura RSX. Junto con eso, reveló pérdidas totales asociadas a la revisión de su estrategia de electrificación de hasta 2,5 billones de yenes, equivalentes a $15.700 millones de dólares.
La magnitud de esa cifra exige una lectura cuidadosa. Honda había presentado la Serie 0 en el Consumer Electronics Show de Las Vegas en enero de 2025 con la confianza de una empresa que creía entender hacia dónde se dirigía la industria. Menos de 14 meses después, cancelaba todo el programa.
La pérdida operacional esperada para el año fiscal cerrado en marzo de 2026 se sitúa entre 270.000 millones y 570.000 millones de yenes, frente a una ganancia operacional proyectada previamente de 550.000 millones de yenes. El giro —de hasta 1,12 billones de yenes en un solo año fiscal— representa uno de los virajes financieros más dramáticos en la historia reciente de la industria automotriz global.
Para dimensionarlo: la segunda pérdida más grande entre los fabricantes japoneses de autos fue la de Toyota durante la crisis financiera global de 2008-2009, cuando perdió 461.000 millones de yenes. Honda está cerca de igualar ese récord.
Los dos golpes que derribaron a Honda
El colapso de Honda tiene dos causas principales que se potenciaron entre sí.
La primera es la demanda de eléctricos que nunca llegó a los niveles que la industria anticipó. Bajo la administración Trump, Washington eliminó el apoyo gubernamental a los vehículos eléctricos, obligando a fabricantes como Ford y Stellantis a repensar sus estrategias y registrar fuertes castigos contables propios. El mercado estadounidense, el más importante para Honda, simplemente no absorbió los eléctricos al ritmo proyectado.
La segunda es el efecto devastador de los aranceles. Los aranceles de Trump han costado a la industria automotriz $35.400 millones desde su implementación en 2025. Toyota fue la más afectada con $9.100 millones en costos, pero Honda también reportó impactos superiores a $1.000 millones. Para una empresa que ya estaba absorbiendo miles de millones en castigos contables por sus programas eléctricos cancelados, ese fue el segundo golpe que terminó de noquearla.
Los directivos de la compañía pagarán un precio personal: los miembros del directorio renunciarán a sus bonos de desempeño y los altos ejecutivos aceptarán recortes de sueldo de entre 3% y 25%.
El nuevo Honda: híbridos ahora, eléctricos después
Honda no abandona la electrificación, pero cambia radicalmente el ritmo. Los híbridos recibirán los recursos que estaban destinados a los eléctricos puros. La marca planea lanzar 13 modelos híbridos de próxima generación globalmente en un período de cuatro años a partir de 2027.
No es un giro menor. Es una reconversión completa de la hoja de ruta tecnológica de una de las marcas más respetadas del mundo. En Estados Unidos, donde las ventas de híbridos han sido un punto de luz genuino, el lineup electrificado de Honda ya representaba casi un cuarto de sus ventas americanas en 2024, y se espera que esa proporción siga creciendo.
La estrategia completa se conocerá este jueves 14 de mayo, en la presentación de resultados anuales de la compañía. Pero la dirección ya está trazada: los híbridos primero. Los eléctricos, más adelante, y en los términos que decida Honda.
Una señal para toda la industria
El caso Honda no es un accidente aislado. GM, Ford, Stellantis y Honda han anunciado en conjunto cerca de $50.000 millones en castigos contables para amortizar inversiones en eléctricos que no rindieron los frutos esperados. Es la mayor corrección colectiva de la industria automotriz desde el cambio tecnológico del siglo pasado.
Lo que Honda vivió es, en muchos sentidos, el espejo más nítido de una industria que apostó demasiado rápido a una tecnología que el mercado todavía no estaba listo para absorber masivamente, en un entorno político y arancelario que cambió las reglas a mitad del partido. La pregunta que queda abierta es si el giro hacia los híbridos llegó a tiempo, o si es solo una pausa antes de la siguiente apuesta.
