Los autos eléctricos usados se han convertido en la opción más asequible para quienes buscan movilidad económica en Estados Unidos. A pesar de que la administración Trump intentó eliminar incentivos de energía limpia implementados en la era Biden, y del impacto de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán en el mercado, estas acciones han terminado empujando a más personas hacia los vehículos eléctricos, justo lo contrario de lo que se pretendía.
El precio promedio de un auto nuevo en Estados Unidos supera los 50,000 dólares. La inflación, los crecientes precios de los autos y el combustible han orillado a los consumidores al mercado de vehículos usados, lo que normalmente elevaría los precios por mayor demanda. Sin embargo, la desconfianza general en los eléctricos usados, especialmente por el desconocimiento sobre la vida útil de las baterías, mantiene sus precios bajos, aunque ofrecen amenidades cercanas a las de autos de lujo a bajo costo.
Los vehículos eléctricos usados también requieren menos mantenimiento, son más confiables por su menor número de piezas móviles y ayudan a ahorrar en combustible. Kevin Roberts, director de inteligencia de mercado en CarGurus, explicó que "en un entorno caro y con acceso limitado a vehículos nuevos, los eléctricos usados representan el mejor valor actualmente".
La explicación está en la oferta y la demanda básica: muchos compradores aún desconfían de los eléctricos viejos, por lo que estos autos no se venden tan rápido. Además, se estima que para 2028, el mercado contará con 1.5 millones de eléctricos usados adicionales, según Cox Automotive. Al principio, las armadoras estimularon este segmento con generosos incentivos de leasing, pero ahora es difícil recuperar esa inversión, ya que los usados se venden a precios muy bajos.
Datos del New York Times señalan que muchos autos eléctricos de 2023 terminan sus contratos de tres años de leasing con un valor residual hasta 45%, lejos del 60% esperado, una depreciación mayor a la de un auto a gasolina. Sin embargo, este fenómeno no se debe a problemas de confiabilidad sino al desconocimiento y la abundancia de la oferta.
Paradójicamente, mientras las políticas oficiales han buscado alejarse de la movilidad eléctrica, la combinación de precios bajos y el costo creciente del combustible está incentivando por sí sola la transición a los autos eléctricos, incluso cuando fabricantes y gobiernos parecían haber descartado esa posibilidad.
