El proyecto de construir un túnel submarino bajo el Estrecho de Magallanes, que uniría la isla de Tierra del Fuego con el continente chileno, está cobrando impulso y reaviva el interés por una megaobra que podría transformar la conectividad y el desarrollo de la región más austral de Sudamérica.
Tras años de estudios y debates sobre su viabilidad, recientes análisis de especialistas internacionales y empresas noruegas han logrado reducir los costos estimados del proyecto a cerca de un tercio de los cálculos originales. Mientras antes se proyectaba una inversión de alrededor de 1.500 millones de dólares, los últimos informes sugieren que el túnel, de aproximadamente 3,7 km, podría ejecutarse por cerca de 500 millones de dólares. Esta disminución de costos abre la posibilidad de financiamiento privado mediante concesiones y ha permitido que las autoridades avancen en gestiones ante el Ministerio de Obras Públicas para próximos estudios de prefactibilidad.
El gobernador regional de Magallanes, Jorge Flies, impulsa esta iniciativa y destaca que la construcción del túnel entre Punta Delgada y Bahía Azul permitiría una conexión permanente en un sector actualmente dependiente del cruce en barcazas, un sistema que atiende diariamente a unas 2.150 personas y 600 vehículos. El servicio actual sufre constantes interrupciones por condiciones climáticas extremas, lo cual afecta tanto a residentes como a transportistas y turistas.
Más allá de la conectividad local, el túnel tendría impacto estratégico para Argentina y Chile, pues gran parte del tráfico terrestre argentino hacia Tierra del Fuego debe pasar por territorio chileno. Además de fortalecer el transporte y el turismo, la obra podría acompañar desarrollos vinculados al hidrógeno verde y convertir este sector en el tercer paso fronterizo más importante de Chile, solo detrás de Tacna-Arica y Cristo Redentor.
Sin embargo, expertos advierten sobre la complejidad técnica y los desafíos de ingeniería del proyecto. Francisco Hernández, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes, señala que aunque la longitud del túnel es menor que la de otros pasos submarinos globales, las condiciones geológicas y climáticas del Estrecho de Magallanes elevan significativamente la dificultad. Los retos incluyen estudios geotécnicos y geofísicos extensivos, sistemas avanzados de ventilación, medidas de seguridad contra incendios, caminos de acceso y soluciones de evacuación.
Desde la perspectiva de ingeniería, la obra podría realizarse mediante un túnel excavado en roca con túneladora (TBM) o método convencional, dependiendo del tipo de suelo y la profundidad del lecho marino. No obstante, la principal incertidumbre radica en la justificación económica y política del proyecto. Su ejecución exige estudios detallados de demanda, riesgo, costo-beneficio y la garantía de financiamiento binacional para que alcance la madurez necesaria.
En síntesis, el túnel bajo el Estrecho de Magallanes es técnicamente viable y despierta expectativas de desarrollo, pero requiere superar desafíos de ingeniería, definir su rentabilidad social y estratégica, además de asegurar respaldo financiero y acuerdos entre los países involucrados.
