Hay una carretera que empieza entre el hielo de Alaska, cruza desiertos, selvas, cordilleras y ciudades de todo el continente americano, y termina en el frío austral de Argentina. En el camino pasa por Chile, por las calles de Santiago, por el desierto de Atacama y por la Ruta 5 que muchos chilenos recorren sin saber que están sobre la carretera más larga del mundo.
Se llama la Ruta Panamericana. Y lleva casi un siglo sin estar terminada.
Una idea que nació en 1923
Todo empezó en una conferencia diplomática en Santiago de Chile, donde los países americanos decidieron que el continente necesitaba una gran arteria que lo uniera de norte a sur. La idea era ambiciosa: una sola ruta que permitiera viajar en auto desde el extremo norte hasta el extremo sur de América sin interrupciones.
Décadas de construcción, financiamiento estadounidense y acuerdos entre países fueron tejiendo la red. Hoy la Panamericana atraviesa oficialmente 14 países: Canadá, Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. No es una única autopista sino una cadena de carreteras nacionales conectadas entre sí, cada una con su propio asfalto, sus propias señales y sus propias reglas.
En total, cerca de 30.000 kilómetros. Recorrerla sin parar tomaría más de 11 días de conducción continua.
El único punto donde el mundo se corta
Pero hay un problema que lleva décadas sin solución: entre Panamá y Colombia, la Panamericana simplemente desaparece.
En ese punto del mapa existe una franja de 130 kilómetros llamada el Tapón del Darién: una masa de selva tropical densa, pantanos, ciénagas y ríos que hasta hoy ha resistido todos los intentos de construcción. No es que nadie haya pensado en terminar la ruta. Es que cada vez que alguien lo intenta, aparecen razones para no hacerlo.
Primero el costo, que es astronómico por el terreno. Luego el medioambiente: el Darién es una de las reservas de biosfera más importantes del continente, hogar de pueblos indígenas y de ecosistemas que no existen en ningún otro lugar del planeta. En 1994, un organismo de las Naciones Unidas determinó que completar el tramo causaría daños irreparables. Y así sigue.
Los conductores que quieren cruzar de Centroamérica a Sudamérica en su propio vehículo no tienen más opción que embarcarlo en un buque carguero, esperar varios días y recibirlo del otro lado en Colombia. La Panamericana, la carretera más larga del mundo, tiene un boquete de 130 kilómetros en el medio que nadie ha podido cerrar.
Lo que sí existe es extraordinario
Al sur del Darién, la ruta baja por Colombia, Ecuador y Perú hasta entrar a Chile por el norte. En territorio chileno, la Panamericana es básicamente la Ruta 5, la columna vertebral del país, que recorre más de 3.000 kilómetros desde Arica hasta Puerto Montt. Después de Chile, cruza a Argentina y sigue hasta Buenos Aires, aunque rutas no oficiales la extienden hasta Ushuaia, en el fin del mundo.
Desierto de Atacama, valles centrales, zona de lagos: todo eso es Panamericana. Una autopista que muchos chilenos recorren en vacaciones sin pensar en que están sobre la misma ruta que, kilómetros más al norte, pasa por Ciudad de México, Bogotá o San José de Costa Rica.
El sueño que sigue incompleto
Cien años después de que la idea naciera, la Ruta Panamericana sigue siendo la carretera más larga del mundo con un asterisco. Casi 30.000 kilómetros conectados, y 130 que nadie ha podido unir. Una selva que, por ahora, le gana al asfalto.
