Nueva York expande las cámaras de rastreo vehicular: la red que 90 ciudades ya rechazaron por privacidad, www.infobae.com
Nueva York expande las cámaras de rastreo vehicular: la red que 90 ciudades ya rechazaron por privacidad | Foto: www.infobae.com

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La ciudad de Nueva York instaló más de 60 cámaras de lectura automática de matrículas de la empresa Flock Safety, con una presencia marcadamente desigual entre sus cinco distritos. Queens y Brooklyn concentran 20 dispositivos cada uno, Staten Island tiene 12, el Bronx cuenta con siete y Manhattan apenas suma tres, según un relevamiento realizado por DeFlock, una organización de base dedicada a monitorear infraestructura de vigilancia.

El despliegue de estos sistemas, diseñados para ayudar a las fuerzas del orden a identificar y rastrear vehículos, abrió un debate que excede el simple conteo territorial. La discusión gira en torno a para qué se utilizan, qué información recopilan, quién puede acceder a ella y bajo qué límites se conserva y circula.

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Qué son y cómo funcionan las cámaras Flock Safety

Flock Safety es una empresa de tecnología de seguridad pública reconocida principalmente por sus lectores automáticos de matrículas. Los dispositivos fotografián los vehículos que pasan por los puntos donde están instalados y organizan esa información para que la policía pueda consultarla durante investigaciones o para localizar autos buscados.

El sistema no se limita a capturar la combinación alfanumérica de una patente. De acuerdo con DeFlock, las cámaras también registran el color del vehículo, la marca, el modelo y otros rasgos distintivos, como calcomanías en el paragolpes o portaequipajes en el techo. Esto amplía las posibilidades de búsqueda: las autoridades pueden rastrear un vehículo no solo por su matrícula, sino también por características visibles que lo hacen reconocible.

Una red de datos que supera los límites locales

El volumen de información recolectada alimenta bases de datos a las que acceden agencias policiales de distintas jurisdicciones. La lógica del sistema permite que los registros captados en una esquina de Nueva York puedan ser consultados desde otras ciudades o incluso estados, dependiendo de quiénes integren la red de acceso.

DeFlock calcula que en todo Estados Unidos existen actualmente más de 130.000 lectores automáticos de matrículas operando. Esa cifra muestra que la presencia de estas cámaras en Nueva York forma parte de una expansión mucho más amplia de herramientas de vigilancia vehicular, sostenida por la recolección sistemática de datos de tránsito y plataformas de búsqueda para su posterior consulta.

El contraste territorial en la distribución

La distribución de las cámaras no es uniforme y deja un contraste llamativo. Zonas con menos población que Manhattan concentran más dispositivos. En Queens y Brooklyn se instalaron 20 equipos cada uno, mientras que Manhattan, el distrito con mayor densidad y actividad económica de la ciudad, apenas cuenta con tres.

Esa desigualdad territorial tiene implicancias concretas: el lugar donde se ubican los dispositivos define qué recorridos quedan más registrados que otros. La discusión sobre el objetivo de uso se cruza así con el criterio geográfico, ya que la capacidad de observar el movimiento de vehículos varía notablemente entre distritos.

Un debate nacional sobre privacidad y vigilancia

La expansión de Flock Safety no ocurre sin resistencia. Al menos 90 ciudades de Estados Unidos, incluidos varios municipios del estado de Nueva York, rechazaron o cancelaron contratos con la empresa por preocupaciones relacionadas con la privacidad y la vigilancia. Este dato sitúa la discusión en un marco nacional, donde los cuestionamientos se repiten en distintas jurisdicciones ante tecnologías de seguimiento vehicular.

La oferta de Flock Safety no se limita a los lectores de matrículas. La compañía también desarrolla drones automatizados, dispositivos de detección de audio y programas en la nube orientados a operaciones de seguridad pública. Ese crecimiento tecnológico intensificó los debates sobre la infraestructura necesaria para sostener la vigilancia y su impacto en la vida cotidiana.

Reglas de conservación y consulta

Uno de los puntos más sensibles del debate se centra en las reglas para almacenar, auditar y consultar los datos recopilados. En Nueva Jersey, por ejemplo, las directrices de la fiscalía general establecen que la información de los lectores automáticos de matrículas solo puede conservarse y utilizarse en circunstancias específicas, vinculadas a investigaciones en curso o delitos.

La pregunta sobre qué sucede con los datos que no están asociados a una investigación concreta sigue abierta. Un sistema que registra sistemáticamente el tránsito no distingue, en el momento de la captura, entre un vehículo buscado y uno cualquiera. Por eso, los límites para el uso de esa información se volvieron parte central del debate público.

Cuatro ejes ordenan la discusión

El análisis sobre estas cámaras en Nueva York se estructura en torno a cuatro ejes principales:

  • Qué se registra: matrículas y rasgos visibles del vehículo.
  • Quién accede: las agencias policiales que integran la red.
  • Cómo se controla el uso: auditorías y condiciones de consulta.
  • Cuánto tiempo permanece la información disponible: reglas de conservación.

La expansión de estas herramientas no se reduce a un aumento de dispositivos en el territorio. Implica la construcción de bases de datos consultables y redes de acceso que pueden exceder los límites de una ciudad o de un estado, mientras el mapa de cámaras por distrito se convierte en el punto de partida para entender el alcance real de una infraestructura que opera, en gran parte, de manera silenciosa y automatizada.